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ALBERTO MANGUEL: MAGIA DE LIBRO ABIERTO

El martes 1 noviembre, 2016 a las 2:12 pm
Bulevar de los días

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Loco-mbiano.

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El escritor Alberto Manguel a punto de firmarle al autor de este texto.

Como un niño que aprende a escribir, cuando leí una reseña sobre Una Historia de la Lectura, emprendí su búsqueda hasta que lo hallé. Lo devoré pues era un plato exquisito para mis ansias de leer. El tema es apasionante y los capítulos y las fotografías adecuadas hicieron que el grueso volumen pareciera corto y como una sucesión de aventuras. Qué soltura y picardía, ingredientes insospechados  y pureza en el lenguaje. En un santiamén se acabó el libro. Y regalé tres a mis amigos más queridos y a mi hija periodista. Y se lo pasé a mi novia.

Siguieron luego, Lecturas sobre la lectura, Conversaciones con un amigo, La ciudad de las palabras, El legado de Homero, fueron pasando por mi hambre de leer. Claro que quería conocer personalmente a Manguel. Se volvió mi autor preferido y de cabecera. Cuando volteaba a buscarlo ora estaba en Canadá, ora en Francia o España y ahora de nuevo en Argentina.

Pero la vida me ha premiado: lo topé en la Carpa Pabellón No. 4 de la Feria Internacional del Libro de Cali, 2016. Hasta él mismo se admiró de mi entusiasmo y me firmó el libro El Viajero, la Torre y la Larva con la inscripción: «Para Leopoldo, quien por fin me encontró en Cali». Y también me firmó Curiosidad, Una historia Natural para mi novia, Gloria María. Ya tengo en mi biblioteca doce libros de su autoría.

Ahí está Manguel en la foto. Cabellos y barba de blanco, sin corbata y saco abierto, ojos claros juguetones, cordial y afable en el trato y excelente conversador. Nada antipático ni preciso como se estila en otra clase de escritores. Tan diáfano y directo como las palabras y frases que escribe en sus libros. Es un caballero de ancho mundo y andante de muchos libros ajenos y propios. Su sonrisa tiene la calidez de un abuelo y su sinceridad brota a flor de labios. Valió toda una fortuna haberlo encontrado y poder estrechar su mano.

Era el personaje que yo había soñado. Y así también debieron ser Cervantes y Homero, y el Dante, Teresa de Jesús o Juana Inés de la Cruz. Seres humanos que tienen sus ojos para ver qué hay más allá de las personas y las cosas y se sientan a contarlas como si fueran un cuento, sin adornos de más, ni pesadillas al hombro. Sin expresiones escatológicas ni alusiones peyorativas.

Hoy, está sentado en el Solio que le dejó Borges, su amigo y mentor de bibliotecas y librerías. Tiene la autoridad que le confiere su amor por la palabra escrita en los libros, por la oportunidad de ofrecer la lectura, ese mundo inacabable de espacios y personajes, de debates y aventuras.

Gracias, vida, gracias, libros, gracias, Feria de Cali por haberme presentado a Manguel y en él a sus amigos, a las mujeres de Homero, a Alicia, a Pinocho y ahora a Gardel hallado por Borges. El ansia de leer se acrecienta y con ella el placer de escribir.

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