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¿Al fin cuándo es que los periodistas deben celebrar su día en Colombia?

El jueves 4 agosto, 2016 a las 3:44 pm

¿Deberíamos celebrar el 09 de febrero?, ¿03 de mayo?, ¿04 de agosto?, ¿13 de agosto?, ¿15 de diciembre?, ¿o mejor, todas las fechas? O, mucho mejor, ¡no celebrar nada! 

Dia del periodista

Alfonso J. Luna Geller

Por Alfonso J. Luna Geller

Hoy, 4 de agosto, los periodistas deberíamos estar celebrando: Álvaro Uribe Vélez cuando fue presidente sancionó, el 15 de diciembre 2004, la Ley 918 que reconocía la categoría profesional a quienes acreditaran el ejercicio de su actividad como periodistas o comunicadores y declaró el día 4 de agosto como el “Día del Periodista y Comunicador”, en conmemoración de la primera publicación de la “Declaración de los Derechos del Hombre”, realizada, según el hoy senador Uribe, hace exactamente 222 años, el 4 de agosto de 1794 por Antonio Nariño, Precursor de la Independencia.

Pero resulta que esta Ley, en primer lugar, contiene un “garrafal error histórico” demostrado por Antonio Cacua Prada, catedrático, decano y rector universitario, tratadista y conferencista, fundador del Colegio Nacional de Periodistas de Colombia, exdirectivo del Círculo de Periodistas de Bogotá y presidente mundial de la Organización de Asociaciones de Periodistas Iberoamericanos O.A.P.I., miembro de las academias de Historia y de la Lengua de Colombia. En un Boletín de Historia y Antigüedades del 2005 titulado “La Ley del Periodista con garrafal error histórico” asegura que “La historia es la verdad y no se puede inventar ni falsear. Por consiguiente, la fecha del 4 de agosto de 1794 no corresponde a la verdad histórica” y explica que por resolución de la Academia Colombiana de Historia, se determinó que fue el día 15 de diciembre de 1793 cuando Antonio Nariño publicó por primera vez en lengua española una traducción de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, fecha real a partir de la cual Nariño fue históricamente el primer periodista político de Colombia, y uno de los luchadores más duramente probados por su denodado esfuerzo en la libre expresión a través de la prensa periódica.

Por esa razón, la Academia Colombiana de Historia resolvió consagrar la fecha del 15 de diciembre como el Día de la Prensa Colombiana. Y remata Cacua Prada: “Previas las anteriores afirmaciones históricas, el artículo 6 de la Ley 918 del 15 de diciembre del 2004, sobre la actividad periodística y de comunicación, debe corregirse en el sentido de declarar el 15 de diciembre de todos los años como el Día de la Prensa Colombiana, tal como ya lo había consagrado la Academia Colombiana de Historia, y volver a fijar en un nuevo artículo el hecho histórico y tradicional, del 9 de febrero, cuando circuló por primera vez el Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, en 1791, fundado por el sabio autodidacta cubano, don Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria, como Día del Periodista Colombiano”.

En segundo lugar, esta Ley resultó frustrada por vicios de inconstitucionalidad al ser sancionada. Fue entonces declarada inexequible por la Corte Constitucional, mediante la sentencia C-927 del 6 de septiembre de 2005. En estas circunstancias, se sancionó el 24 de febrero de 2006 la Ley 1016, que se caracteriza porque se expidió “con meros propósitos declarativos, para la protección laboral y social de la actividad periodística y de comunicación a fin de garantizar su libertad e independencia profesional” insistiendo en el “garrafal error histórico” al mantener el día cuatro de agosto de todos los años como el Día del Periodista y Comunicador.

La Ley 1016 también fue demandada por inconstitucionalidad pero la Corte Constitucional se declaró inhibida para pronunciarse sobre el asunto por vicios en la demanda.

Como puede apreciarse, la legislación sobre el periodismo en Colombia siempre ha tenido tropiezos, no sólo en los últimos años. Hay que recordar que una de las normas más estables fue la Ley 51 de 1975, que estuvo vigente durante 23 años, hasta el 18 de marzo de 1998, cuando la norma conocida como el Estatuto del Periodista también fue declarada inconstitucional, para reivindicar la libertad de expresión y el derecho a la información, advirtiendo que la posibilidad de informar no podía convertirse en privilegio de unas cuantas personas. A juicio de la Corte Constitucional, la exigencia de la tarjeta profesional se estaba convirtiendo en mordaza y prácticamente en una forma de censura. Desde esa norma legal quedó consagrado el 9 de febrero como Día Nacional del Periodista, y por costumbre, siguió vigente.

Esa celebración, que nació el 9 de febrero de 1791 con la aparición del Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, al que se consideró como el primer periódico de Colombia, el cual era dirigido por el cubano Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria, intelectual al servicio de los españoles, cambió con la Ley 198 de 2004 y fue ratificada con la 1016 de 2006, cuando se consideró que era mejor rendir los honores a un auténtico patriota, Antonio Nariño, quien el 4 de agosto de 1793 (fecha equivocada según la Academia de Historia), publicó la Declaración universal de los derechos del hombre.

Todo esto significa que no son dos, sino tres las fechas en las que los periodistas colombianos debríamos celebrar nuestro día: el 9 de febrero en honor a Manuel del Socorro Rodríguez y su Papel Periódico de Santafé, el 4 de agosto porque la Ley 918 de 2004 y la 1016 de 2006 así lo proclaman (aunque se basen en un error histórico) y el 15 de diciembre porque es la fecha en la que se celebra el Día de la Prensa Colombiana, según la Resolución Número 4 de 1966 de la Academia Colombiana de la Historia, que intentó corregir el referido error.

La mayoría de periodistas del país prefieren seguir conmemorando el 9 de febrero como su día, quizá por respeto a la tradición o quizá por esa rebeldía propia de su noble oficio. Aunque no faltan aquellos, como yo, que las aceptamos todas para tener así triple pretexto de festejo en el año.

Pero yo además celebro el 3 de mayo, fecha proclamada en 1993 por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día Mundial de la Libertad de Prensa, para que coincidiera con el aniversario de la Declaración de Windhoek (expedida en 1991), en la cual los representantes de medios de comunicación africanos que participaban en un seminario organizado por la UNESCO en la capital de Namibia, elaboraron un documento donde se recogían los principios de la libertad de prensa.

Como periodista, también celebro el 13 de agosto, porque la Ley 586 de 2000 instituyó esta fecha como el Día de la Libertad de Expresión. Es el día cuando Gobierno Nacional debiera promover conjuntamente con las entidades sindicales y sociales vinculadas con los medios de comunicación, actividades alusivas y reivindicatorias del derecho humano a la libertad de expresión, opinión e información y el día en que el Ministerio de Educación Nacional debiera en las instituciones de educación la programar foros, conferencias, talleres, charlas, seminarios, etc., relacionados con la libertad de expresión e información.

En conclusión, frente a 360 días del año en los que periodistas deben reflexionar sobre su trabajo cotidiano y más que todo, sobre la impunidad frente a los crímenes y amenazas que los han hecho víctimas como consecuencia de su oficio, por la profunda crisis de la justicia, la crisis de liderazgo del Estado, inclusive la apatía de la propia sociedad frente al papel del periodismo, los otros cinco días restantes del año que debiéramos celebrar, son apenas una pizca de justicia social.

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