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Sábado, 27 de febrero de 2021. Última actualización: Hoy

El martes 21 abril, 2009 a las 6:56 am
AH, EL IDIOMA, LEGADO Y LEGO

www.windsor-idiomas.com/es/mapaweb/

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
leoquevedom@hotmail.com

Desde que la primera palabra salió del labio exantropoide, los vocablos pululan y ruedan como saltimbanquis por naciones, vallas publicitarias, libros y periódicos. Han formado los idiomas y se han multiplicado en forma exorbitante. ¿Cuántas palabras se piensan, pronuncian y se escriben diariamente? Algunas se quedan en el tintero, otras se callan y quedan mudas en el inconsciente. Todas, sin embargo, son necesarias para la vida de los seres que aprendimos a vivir con ellas. ¿Qué sería del humano si no las tuviéramos para dialogar con nuestro interior cuando estamos aburridos?

Las palabras son un mundo de gnomos que se cuelgan de los techos, de los alambres en los campos, de las nubes o se esconden debajo de la cama para caer de improviso en nuestra mente. Esperan que despierte nuestro ojo y se vienen a conversar de nuestros sueños y tareas. Se interponen entre el beso a la amada, el agua de la ducha, la desnudez y el desayuno.

Aparecen entre el periódico, en la radio, en el bus, en la oficina. No nos dejan solos, nos corretean por doquier, y a veces se atragantan cuando tenemos susto o una emoción muy fuerte. Otras veces se nos vienen como un turbión si estamos, enojados o entre amigos y apenas salen tímidas en solemnes monosílabos, si estamos molestos o afanados.

El idioma es un juego de lego con el que armamos el escaparate de nuestra existencia diaria. El niño lo hace desde la cuna, balbucea y entrena sus palabras, el joven inexperto las combina y experimenta la sabrosura de su acidez y de su salsa. El escritor fabula, crea, le pone color y ellas se dejan adornar con cachumbos y sacan más rápido la lengua. El viejo hace un crucigrama y es feliz rebuscando las más castizas.

Las palabras se han acomodado para nombrar todos los objetos, colores, sentimientos y deseos en el país, ciudad o la selva que se encuentren o produzcan. Se visten y suenan en timbre castellano, en catalán, inglés, ruso, chino, japonés, tuareg o árabe, hebreo, guambiano, o bantú, aimará, egipcio, o congolés. Cada tribu, nación o continente armó su lego y han formado el legado que disfrutamos todos los que articulamos sonidos con la laringe, garganta, dientes y lengua humana.

Hablar y oír hablar es un placer. Distinguir en televisión, en una obra de teatro o sólo por el oído en una calle de ciudad cosmopolita, de dónde proviene un individuo. Porque el idioma es un sello de una nación, de una cultura con todas sus raíces. Tiene su propio acento. O es una tromba de cascada o una marcha guerrera o un susurro romántico o un pentagrama con sonidos altos y bajos, sordos, guturales o atiplados.

¿Cree usted que en todos los idiomas se expresa la seriedad, la rabia, la quietud, la amistad o el amor con la misma intensidad a pesar de su diferente acento? ¿Se dirán y se oirán los requiebros y los mimos en la oreja y sobre la piel lo mismo en francés, que en alemán o en ruso o chino? – Claro que sí, amig@ que me lee. La palabra es imán gelatinoso y se moldea a la situación. Brinda en la mesa, grita en el juego, ronronea en la cama, manda en la reunión, se eleva dulce en un aria y enseña en la clase. Es el más precioso regalo en nuestra vida.

19-04-09 – 11:39 a.m.

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