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Agricultura ilegal en Colombia

El martes 26 mayo, 2015 a las 11:28 pm
Alfonso J. Luna Geller

Por Alfonso J. Luna Geller

Hace pocos días ocurrieron dos hechos de especial trascendencia que estimulan un posible avance en la soberanía alimentaria de los colombianos y en el reconocimiento de los derechos de los agricultores, y que siendo complementarios parece que no interesara sino a ciertos grupos y no a todo el bloque social del país, como debiera ser: el jueves 14 de mayo el Consejo Nacional de Estupefacientes, CNE, suspendió las aspersiones con glifosato de los cultivos de uso ilícito, a partir del concepto presentado por el Ministerio de Salud y Protección Social ante el nuevo informe de la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud, OMS, y la marcha mundial contra Monsanto para protestar en contra de la gigante de la biotecnología, con el fin de crear conciencia sobre los peligros que representa la empresa estadounidense al modificar genéticamente alimentos que consume la sociedad, entre otros objetivos, como también, proteger el suministro de alimentos, apoyar a los agricultores locales, proteger el medio ambiente, promover soluciones orgánicas, dar a conocer el amiguismo entre las grandes empresas y gobiernos, y lograr la rendición de cuentas de los responsables de la corrupción, acto realizado por tercer año consecutivo el pasado lunes, 25 de mayo, en 428 ciudades de 38 países.

Monsanto

Los consumidores a través de esta campaña mundial denunciaron el control empresarial de la agricultura y la alimentación, además de las numerosas enfermedades cancerígenas relacionadas con el uso de químicos en el tratamiento de los organismos genéticamente modificados, exigiendo, además, etiquetar dichos alimentos como parte del derecho a la información de los consumidores, y reducir los químicos cancerígenos utilizados en la agricultura industrial. En esta manifestación se expresó la preocupación por la alerta reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que revela que el químico herbicida Roundup de Monsanto, conocido como el glifosato, es “probablemente cancerígeno para los seres humanos».

Monsanto 2

La soberanía alimentaria como democratización de los sistemas agroalimentarios, como posibilidad de priorizar producción agrícola local, sostenible, segura y ambientalmente amigable, para la alimentación de las poblaciones, mediante el acceso permanente de los campesinos a la tierra y a las semillas (así como a los demás elementos que posibilitan la producción agropecuaria), y soportada en el reconocimiento de la potestad de los consumidores a decidir qué alimentos quieren, cómo y quién los produce, es el principio y derecho desde el cual se puede hacer frente a la arremetida del sistema alimentario capitalista, al que solo interesa el dinero y muy poco la sana supervivencia de los consumidores.

Es importante que los agricultores tengan mayor poder sobre la cadena de producción de alimentos y evidencien que las afectaciones del glifosato no están exclusivamente ligadas a su uso en la “guerra contra las drogas”. En efecto, el concepto preparado por el Ministerio de Salud y los estudios científicos que lo soportan no hacen relación al uso del herbicida contra la coca, sino que dan cuenta de su toxicidad (por un principio activo) y su condición de probablemente carcinogénico en humanos existiendo una asociación positiva entre exposición humana por uso agrícola del glifosato y el riesgo de padecer cáncer. De otra parte, el glifosato afecta nuestra fauna y ambiente, pues en concentraciones menores a la que se usaba para fumigar coca puede ser letal en peces como la tilapia, yamú, el bocachico y la cachama blanca, según estudios realizados por el Grupo de Investigación en Toxicología Acuática y Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia.

Por otra parte, en Colombia, Monsanto a través de la Compañía Agrícola Colombiana S.A.S. ha logrado autorización del Instituto Colombiano Agropecuario, ICA, para el uso de maíz transgénico en la alimentación y producción de concentrados para animales domésticos; la importación de semillas de maíz transgénico para siembra destinada al consumo animal y humano, en áreas cafeteras; y la importación de semilla de soya para siembras comerciales destinadas al consumo animal y humano, en el Valle geográfico del río Cauca, entre otros. No hay que olvidar que esta compañía fue multada con 500 millones de pesos por el mismo Instituto por publicidad engañosa, al afirmar que una variedad de algodón transgénico comercializado lograba un control de plagas del 97 %. La siembra del algodón transgénico y los elevados costos de los insumos quebraron a los algodoneros de la Costa, perdiendo además su independencia como productores agrícolas.

Monsanto 3

Monsanto y otras corporaciones como Syngenta, buscan la oportunidad de transformar la agricultura mundial de alimentos en una agricultura productora de cultivos transgénicos, ampliando sus posibilidades de negocio más allá del consumo humano (que ha encontrado resistencias) al mercado de los agrocombustibles y el de la alimentación de animales (como en Colombia).

Proclama del Cauca recuerda que una de las intervenciones más infames de Monsanto fue la utilización del herbicida llamado ‘agente naranja’ por parte de los Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam (1955-1975), donde cerca de 400 mil personas fueron asesinadas o mutiladas con este agente y 500 mil nacieron con defectos, entre otros problemas de salud. Un número incalculable de civiles vietnamitas, exsoldados y personal expuesto a la alta toxicidad del ‘agente naranja’ continúan desarrollando enfermedades terminales como el cáncer y sufren todo tipo de horrores en su salud.

Inclusive hoy, científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts (EE.UU.), demostraron que el uso de nuevos tipos de fertilizantes agrícolas y herbicidas en Estados Unidos conduce a la alteración del desarrollo del cerebro en los recién nacidos, al advertir que los productos de Monsanto podrían llevar a una mayor tasa de autismo en el país. Recientemente se ha informado de que el glifosato está presente en la leche materna de las madres estadounidenses en niveles peligrosos.

A mediados del 2013, en Colombia, como consecuencia de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio entre los gobiernos de Colombia y de Estados Unidos, una norma legal impidió a campesinos almacenar semillas y permitió solo la compra de “certificadas” como las de como Monsanto y Dupont, situación que produjo una serie de protestas protagonizadas por algunos de los sectores más importantes del campo, entre ellos los de los arroceros y los cafetaleros.

semillas

Es que la Resolución 970 del Instituto Colombiano Agropecuario (2010), que prohibió a los campesinos almacenar semillas de sus propias cosechas para siembras futuras, permitió únicamente la compra de semillas “certificadas”, un recurso legal en el que algunos han visto el favoritismo franco para empresas multinacionales como Monsanto, Dupont y Syngenta, las más importantes en el mercado de los alimentos transgénicos.

Por todo lo anterior, es necesario tener en cuenta las recomendaciones de la Comisión de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) en el sentido de realizar cambios transformadores en nuestros sistemas alimentarios, agrícolas y comerciales con el fin de aumentar la diversidad en las granjas, reducir el uso de fertilizantes y otros insumos, apoyar a los agricultores que trabajan a menor escala y crear sistemas alimentarios locales fuertes.

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En contexto (para leer más, favor hacer click sobre los títulos siguientes):

¡A LO QUE LLEGAMOS! SEMILLAS DELINCUENTES

ICA sella semillas de costal en el Huila

http://www.semana.com/nacion/articulo/la-historia-detras-del-970/355078-3

 

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