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ADIÓS A LOS CERROS TUTELARES

El miércoles 4 noviembre, 2015 a las 9:54 pm

Cualquier daño al ambiente es un daño a la humanidad. Francisco

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

Bordeada de azules montañas está la altiplanicie que Juan de Castellanos llamó Valle de los Alcázares cuando vio la sabana.

“Tierra de oro, tierra bendecida, / Tierra para hacer perpetua casa, / Tierra con abundancia de comida, / Tierra de grandes pueblos, tierra rasa, / Tierra donde se ve gente vestida, / Y a sus tiempos no sabe mal la brasa, / Tierra de bendición clara serena / Tierra que pone fin a nuestra pena”. También a la sabana elevan sus cantos los poetas Rafael Pombo y Marroquín. Diciendo el primero “Tendida cual magnífica azotea sobre la cordillera soberana”. Y el segundo “Dichosos los vivientes a quienes ha tocado habitar en la sabana de Bogotá”.

Dice José Ignacio Perdomo en su párrafo introductorio de Las haciendas de la sabana a vuela pluma, como un Aurelio Arturo, que: “La sabana se extiende matizando todos los colores del verde…”  También nombra el antiguo párroco de la iglesia Las aguas, los cerros tutelares de la ciudad Monserrate y Guadalupe. Estas montañas cercanísimas se alargan de norte a sur y de oriente a occidente, sobre la planicie, llanura azotea, sabana, que en tiempos primigenios fuera un mar, lanzado por el dios muisca Bochica, al Salto de Tequendama, una hendedura de 139 metros.

cerros tutelares bogotanos

Fotografía: http://www.bogota.gov.co/sites/default/files/pictures/orien.jpg

Rodríguez Freyle, el autor de El Carnero, relata que el río Funza llegaba durante las crecientes hasta Techo y Timiza hoy Ciudad Kennedy, ocasionadas por las lluvias torrenciales, caídas al arribo de los peninsulares. Aguas que se remontaban hasta la hacienda de Juan Aranda, hoy Puente Aranda. Allí hasta comienzo de los 80, existía un puente de piedra, quitado a comienzos de los 80, dejando sólo cuatro pedruscos debajo de los elevados viaductos, por donde se bifurca la Avenida 13 con Las Américas.

“Qué melancolía – dice el cura Perdomo – fuera nuestra meseta andina sin el marco de sierras que la deslinda y protege…” Recuerda, que el Valle de los Alcázares, está ligado a la historia de las haciendas de la sabana con sus políticas, intrigas, crímenes, prosperidad económica y ruinas. Determinando la sabana la formación del carácter y psicología de los habitantes, así como sus costumbres. Y que fue esta extensión con sus cerros, el primer creador del espíritu bogotano, además determinantes de los ciclos y cambios climáticos.

Monserrate y Guadalupe son cerros tutelares de la capital colombiana, que están en vías de extinción, no sólo por el calentamiento climático, y el efecto invernadero. Sino también por la agresión y daño visual, generado por intereses particulares como los edificios que los tapan, a la manera del enorme Centro Cultural Español de Las Aguas, que se comenzó a hace poco tiempo anunciado con gran descaro su construcción: “Aquí empieza el renacer del centro de Bogotá”.

cerros tutelares bogotanos 2

Fotografía: http://www.elespectador.com/files/imagecache/560_width_display/imagenprincipal/ce0e8d28b5878e3d1e6a7cf729317caa.jpg

Ante la falta de protección estatal de los cerros y la desfachatez arquitectónica se justifica lo expresado por el alcalde Gustavo Petro, sobre el cambio climático sus consecuencias, y los intereses particulares neoliberales, los cuales se “olvidaron” que la temperatura de Bogotá, dentro de treinta años, aumentará a más de 4 grados acabando con Sumapaz y otros cercanos páramos de donde proviene el agua que entera se toma la ciudad, además teniendo en cuenta el aumento poblacional en las próximas décadas.

Los cerros tutelares bogotanos son las principales reservas ecológicas y acuíferas, reguladoras del clima y del aire, como lo es toda la cadena de montañas extendida desde el norte hasta el sur.

Fray Pedro Simón refiriéndose a la importancia del agua por el pueblo muisca dice: “Pues no había arroyo, laguna ni río en que no tuviesen particulares ofrecimientos… Los Muiscas sabían que el agua (y el aire) es el alma de las cosas y el signo de la fugacidad de todo lo viviente; el principio y fin…”

Alegría de Pio/9 25/15/ 4:00 p.m

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