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Adán y Eva en tiempos de neoliberalismo

El viernes 20 septiembre, 2013 a las 5:31 pm
Jorge Muñoz Fernandez

MATEO MALAHORA
mateo.malahora@gmail.com

En el imaginario de la cultura cristiana la manzana es símbolo de exilio. Tentación que llevó a los seres humanos a la perdición del Paraíso. Deshonra de la raza humana.

Pero manzana es también sabiduría, conocimiento de saberes ocultos, mensaje bíblico encriptado en la fruta del amor prohibido, condenada y censurada por haber ofrecido al homo sapiens la opción de elegir el goce de vivir sobre la tierra.

Fueron Adán y Eva, en la tradición mítica, sobrevivientes del tedio y la  felicidad sin alegría, transgresores un orden sin conflictos sociales, nos llevaron a entender la relación que existe entre el trabajo, la mercancía, el valor y el dinero. De la fuente del placer que nos legó la manzana, como propiedad no social, llegamos a los laberintos de la economía.

Manzana

Bien dijo Adán en lúcida intervención al abandonar el hastío de la inmortalidad: “En el Paraíso trabajábamos para nosotros mismos, la propiedad no era más importante que los seres humanos. El sentimiento colectivo nos permitía arrimar sin egoísmo el hombro al otro para que venciera las dificultades. Ayudar a los vecinos era un acto espléndido de crecimiento moral. Nos protegíamos recíprocamente. Vida era un tránsito alegre en libertad”.

“Poco después el trabajo asumió la forma de castigo punible y vergonzoso. La sociedad dejó de trabajar para si misma, y pasó a trabajar para pequeños grupos. El trabajo dejó de ser fuente de beneficio social y se convirtió en fuente de riqueza grupal. Apareció el trabajo enajenado. Hoy, trescientas setenta personas son las dueñas del sesenta y cinco por ciento del planeta. Corporaciones sedientas de capital han convertido el orbe en fuente de riqueza. Tienen razón los “condenados de la tierra” al cuestionar el trabajo sin esperanza que conduce a la humanidad por el camino del infierno”.

Adán y Eva, insumisos, desobedientes y perturbadores, obraron como el Prometeo de la Mitología Griega que recuperó el fuego robado a la humanidad por los dioses del Olimpo y no al revés, como lo proclama la filosofía occidental.

Camino adánico escabroso: guerras desde la Roma hasta los tiempos del Libre Comercio. Economías basadas en la expoliación del hombre y la naturaleza, conspirando contra la vida en nombre de la democracia.

“Ninguna sociedad, nos dice Adán, puede vivir por fuera de la naturaleza. No se puede imaginar vida humana sin intercambio con ella. Hace parte de la sociedad. Naturaleza, hombre y sociedad caminan estrechamente juntas”.

“La relación entre los seres humanos y la naturaleza no es espiritual, salvo como contemplación estética, la integración sólo es posible mediante el trabajo. Es la forma del trabajo de cada quien lo que determina la calidad de la relación del hombre con la naturaleza y la relación entre los hombres”.

“Si los medios de producción, los medios donde se realiza el trabajo, se usan racionalmente, con equidad y justicia,  si el trabajo y la producción se planifican de acuerdo con las necesidades de la sociedad, las relaciones del hombre con la naturaleza y hombres entre sí, serán armónicas y fraternas. Todo lo contrario es dura competencia por la apropiación de la riqueza social”.

En el caso de Colombia, el país podría vivir paradisiacamente por sus  condiciones geográficas y su estratégica ubicación marítima, apunta Adán mientras afirma:

“Colombia debe modificar sustancialmente su anacrónico modelo productivo, de nueva relación con el trabajo, donde nadie se venda para sobrevivir, con maneras distintas de relacionarse entre si y con la naturaleza; eliminando el paradigma agrario de la explotación de los más débiles, los caminantes que protestaron para defender el derecho inalienable a no ser expulsados de sus tierras por la violencia estructural, para decirle al mundo que estamos cambiando.

No es fácil argumenta Eva: “Estamos durmiendo con el dinosaurio del neoliberalismo, si se voltea nos hunde a todos. El primer diluvio fue catastrófico, pero el diluvio de la globalización económica no parece predecir el advenimiento de un Premio Nobel de Economía que construya el Arca de Noé para el Siglo XXI, época de producción caótica, bandidaje financiero internacional y aves de rapiña multinacionales. No se salvaría ni el dinosaurio del neoliberalismo, además no cabe”.

“No soy catastrófica, pareciera que las mujeres intuyéramos mejor los acontecimientos: en menos de diez años las guerras del oriente se trasladarán a otros países. Hay que garantizar materias primas, expandir mercados para residuos tóxicos y tecnologías desuetas. En la mirilla bélica o impositiva agua y petróleo para calmar la deshidratación industrial europea y norteamericana. Tenemos lo que necesitan”.

Inquietante futuro, si la propiedad se acumula desmesuradamente en pocas manos los conflictos crecerán y las serpientes de ideologías radicales estarán dispuestas a fomentar conflictos urbanos y rurales que induzcan a los hijos de Adán y Eva a luchar por comerse la segunda manzana. Hasta pronto.

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