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Ad portas de una segunda revolución civil o social en Colombia en tan solo tres décadas. (Debatiendo con Darío Noguera).

El viernes 6 septiembre, 2013 a las 2:01 pm
Omar Lasso - Darío Noguera

Omar Lasso – Darío Noguera

La primera condujo a la Constitución de 1991, que nos trajo la «igualdad jurídica», es decir, más formal que real. La segunda que comenzó con el paro agrario del Catatumbo y continúa con el Paro Agrario Nacional debe resolver el tema de la desigualdad real, material, profunda, de la sociedad colombiana.

Darío Noguera dice: «… La del 91 no fue una revolución sino una reforma y no fue social sino política. Tienes razón en que fue más formal que real. El Paro Agrario, cuyo preámbulo se escribió en Catatumbo, abre una situación revolucionaria en Colombia y será social porque lo han protagonizado, incluso lo han desbordado, las más amplias capas del campesinado desposeído, por encima incluso de sus convocantes…

Omar Lasso Echavarría: Hasta la más pequeña reforma política va procedida de inconformismo social, sea el que sea. El statu quo, corrige si me equivoco, no cambia por propia voluntad. Se llegó a la Constitución de 1991 después de haber puesto en jaque al Estado colombiano. El mismo contenido de esa constitución refleja un profundo contenido social, porque en la Constituyente previa se dio amplia participación social. Esa constitución no nació en el Congreso por iniciativa de los padres de la patria (desde este punto de vista no es reforma), hablé de «revolución civil», política si se quiere, porque hubo consenso de voluntades. Esta segunda «revolución civil», con preámbulo en el Catatumbo, también será producto de las movilizaciones sociales, quizá en mayor medida y de modo más contundente, con más actores sociales en ejercicio (en vez de políticos, porque no involucra a los políticos tradicionales, que invocan el orden civilizado, la no-violencia, el no-cierre de las carreteras, para seguir reinando en su curul). El momento me parece más dramático que en la víspera de la promulgación de la actual constitución, hija de la violencia del narcotráfico y la guerrilla, aunque acompañada también de vigorosas manifestaciones en demanda de paz. Ahora las exigencias son de necesidades materiales básicas. Yo hablo de «revolución civil» (tú la llamas Reforma Política, es una cuestión de términos; es cuestión de situarse en el pueblo o en la clase política). La sola institución de los «derechos fundamentales», así se hubiera reducido al papel jurídico-formal, ocasionó un enorme cambio en la conciencia política de nuestros ciudadanos, quienes intentaron agotarlos hasta el límite, poniendo de nuevo al Estado contra la pared. Ahora se quiere ir más allá de lo formal, al verdadero cambio material. El concepto de «revolución civil», de mi cosecha, es contemporáneo, porque no apela a las armas sino a las voluntades sociales, a las movilizaciones, que por cierto no están exentas de violencia y sabotajes. Sin presión no hay cambio sustancial, no basta protestar cantando previamente el himno nacional.

Darío Noguera: De acuerdo Omar, lo fundamental no son los términos y en el caso actual lo característico es que es una gran movilización desde abajo y de móviles muy profundos y acumulados. Eso es lo esencial, lo demás es carreta…

Omar Lasso Echavarría: No más habría que revisar la historia de los movimientos sociales en Colombia que comienzan a fortalecerse desde los años 70. En Macondo Libros y tertulia de fines de los 80, era una línea fuerte de consumo en el gremio de las ciencias sociales. Recuerdo las prestigiosas publicaciones de Cincep, Foro por Colombia, Universidad Nacional, etc. Se veía el proceso de cambio de la conciencia política. No en balde fueron estudiantes los que propusieron la séptima papeleta de la Constituyente.

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