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Jueves, 9 de abril de 2020. Última actualización: Hoy

ACUERDO NACIONAL O INSURRECCIÓN

El domingo 24 noviembre, 2019 a las 5:49 pm
ACUERDO NACIONAL O INSURRECCIÓN
Por: Gustavo Andrés González Viáfara
Twitter: @GustavoAndresG_
Facebook. Gustavo Andrés González V.

ACUERDO NACIONAL O INSURRECCIÓN

“Sea cual sea el camino, la transición es inminente, Colombia tiene en sus manos la decisión de enfrentarse a meses de movilizaciones que sin lugar a dudas dejarán consecuencias irreversibles, o convertirse en ejemplo para el mundo pactando el acuerdo nacional que no fue capaz tras las negociaciones de la Habana”.

“Tanto va el indio al pueblo hasta que lo ponen de alcalde”, decía mi abuela. Colombia no necesitaba sino un breve desescalamiento de la guerra y que la noticia dejara de ser las Farc, para que apoyada por el auge de las redes sociales, la opinión pública tomara partido e iniciara hacer sentir el clamor exigiendo la transición del modelo social, político y económico que tiene a una clase media angustiada, una clase trabajadora asfixiada y desempleada, mientras que los sectores económicos no cesan en recoger millonarias ganancias a veces de dudosa procedencia, dejando un malestar colectivo que tiene a este país ad portas de sumarse a los estallidos sociales que en la última década han sacudido a América y a Europa.

Los escándalos de corrupción, sin mayores resultados en las investigaciones para determinar los responsables, precedidos de macabros planes para sacar del medio a testigos al mejor estilo de las tramas de las películas de Hollywood, como fue la muerte del ex controller de la Ruta del Sol Jorge Pizano que pudiese quedar simplemente como un caso aislado si no hubiese sido precedida también por la extraña muerte de su hijo quien viajó a Colombia al sepelio de su padre y luego de este, falleció, al parecer al consumir accidentalmente “una botella de agua envenenada”, dejando el sinsabor, de que lo que fue el escándalo de corrupción más grande de América, (y que dejó cuatro expresidentes peruanos, tres brasileños, tres panameños y muchos dirigentes políticos más de la región fuertemente implicados, sin olvidar el suicidio del también expresidente peruano Alán García quien al parecer no soportó la presión judicial y mediática a la que estaba sometido tomando la fatal decisión previo al operativo policial que lo dejaría privado de la libertad como producto de las investigaciones en su contra), no tuviera doliente en nuestro país donde lo ocurrido en otros países, no tiene nada parecido con lo que sucede en Colombia; lo que sería un pacto de silencio incluso entre los más irreconciliables enemigos, los deja impunes, conjurando el riesgo de que cualquier investigación pueda poner en riesgo sus acaudalados fortines políticos y económicos, convirtiendo incluso las investigaciones en un pantano de cocodrilos al que arrojan no sólo al que quiera salirse del pacto, sino que a quien represente un peligro para otros intereses que se puedan gestar.

Lo que podría parecer el plan perfecto orquestado por una clase política asociada entre sí con los sectores económicos más poderosos del país a los que ya no les basta con tener el monopolio de la banca, sino que se han apoderado sin titubear de fracasadas obras civiles, como la del puente Chirajara, solo, por mencionar otro lamentable episodio sumándoles los del carrusel del anillo, la novela de Navelena, Interbolsa, Hidroituango, entre otros, podría encontrar su cuello de botella, sin que el método de la mentira funcione, como si funcionó para desprestigiar los Acuerdos de La Habana, que son quizá la más altruista obra de un Gobierno en toda la historia de Colombia. Así lo dejaron ver los resultados de las elecciones del 27 de octubre donde el maquiavelismo de Uribe al análisis de los expertos, fue derrotado, simultáneamente con su más fuerte contradictor, la izquierda colombiana, que vio cómo las ideas de centro tomaron mayor fuerza, reviviendo incluso a un tibio sepultado en 2018 como Sergio Fajardo que hoy después de haber dicho que no volvería a competir y haberse retirado del campo de batalla a pesar de su caudalosa votación en la primera vuelta presidencial de ese año, se sumó al paro e inició su carrera por las presidenciales del 2022.

Pero la lectura no puede ser tan simple, existe un clamor generalizado rechazando lo que serían dos décadas de Uribe en el poder, las mentiras de campaña de Duque, que no esperó ni un año de Gobierno para arreciar la amenaza de golpear tributaria y laboralmente a la clase más desfavorecida, contrario a lo que decía en su candidatura, haciendo oídos sordos frente a lo que ha venido sucediendo en países de izquierda que ya habían hecho su transición en la década pasada y que ahora se encuentran convulsionados por abrirse paso hacia una política más de centro es decir “ni mucho que queme a SANTOS, ni Uribe que no le alumbre”, la caída de Evo en Bolivia es el ejemplo de un estadista digno que contrario a sus homólogos y compañeros de causa en Nicaragua y Venezuela, decidió entregar el poder, antes de someter su país al caos en el que tienen sumergidos Daniel Ortega y Nicolás Maduro a sus naciones.

La oportunidad es para Colombia y sus dirigentes políticos y económicos, que sentados con la sociedad deben iniciar el camino a un ACUERDO NACIONAL, en el que se busquen puntos intermedios que eviten los alzamientos populares como fórmula para modificar el modelo económico, político y social del país, evitando una protesta nacional que deje muertes, ruinas, odios y una transición mucho más complicada en la que ni siquiera quienes alcanzan a sacar sus fortunas hacia paraísos fiscales pueden decir que han ganado.

No se puede negar que Colombia es el segundo país más desigual del mundo, pero a la vez de una u otra manera se ha mostrado como la democracia más sólida del continente, hoy con un “crecimiento económico por encima de las expectativas” con unos acuerdos de PAZ salvables, una fuerza pública cohesionada, parte de una clase política “decente” y un país que ha demostrado ser ejemplo de resiliencia, Colombia no se puede negar a la oportunidad de pasar a la historia del mundo como el único capaz de sentar a sus actores y conciliar mínimos que permitan encontrar una paz que todos necesitamos y que cada uno desde nuestra manera de ver sabemos que es necesaria, al haber sido todos de una u otra manera víctimas del conflicto armado, pues sin lugar a dudas, “sólo quien ha sufrido el rigor de la guerra, conoce el verdadero significado de la PAZ”.

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