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A Roa le falta la Cara oculta

El sábado 20 abril, 2013 a las 3:23 pm

RoaAndres Baiz hace una película meritoria por los riesgos, necesaria por el tema, pero vacía en su contenido.

John Harold Giraldo Herrera

Por: John Harold Giraldo Herrera
Docente universitario y periodista
John.giraldo.herrera@gmail.com

El cine colombiano es arriesgado. Transita de una tendencia a otra y de repente aparecen intentos por consolidar un bloque temático o de género y pronto desaparece. Pocas son las películas que se atreven a plantear un hecho histórico acompañado del tema político. Pues bien, la película Confesión a Laura (1991) del mono Osorio es la que ha logrado ubicarse como la de mejor factura entre espectadores y críticos en el tema del bogotazo. Ahora, 22 años después aparece un intento fallido, Andrés Baiz abordó el tema con el pretexto de mostrarnos las vicisitudes del que aparece como el ejecutor de la muerte del más populoso líder que haya tenido Colombia: Gaitán.

Mucho se ha dicho poco se ha contestado y la película se encuentra en casi todos los teatros. Contadas las películas que cuentan con tal beneplácito, pues deben hacer ingentes esfuerzos para poder salir con algunas mínimas copias (pues de entrada se cree que con esas es apenas) como si su calidad o la historia fueran menores. Mientras que otras, como esta de Roa, gozan de salir con muchos bombos y platillos, el sello y la impronta es apadrinada por uno de los canales más poderosos: RCN. Sin embargo, aunque esté en muchas salas no quiere decir que el respaldo se encuentre de su parte. Y tampoco sería un hecho a considerar para determinar algunas particularidades de la película. Muchas son las películas producidas y algunas las que se quedan entre el público como memorables.

Roa 1

Roa el asesino, el que siendo victimario en lo histórico es la víctima en esta historia.

En Roa, se encuentra un fenómeno que pudo ser catapultado para acaudalar espectadores. Muchos de los que hemos ido a las salas presenciamos –con cierto orgullo- cómo los abuelos y padres se visten con su traje típico, se les ve expectantes y animados a las afueras, pero salen desconcertados unos, meditabundos otros y con reclamos unos cuantos más. ¿Qué esperaban ver? A lo mejor, es más lo que se espera que lo que una película puede otorgar. Sin embargo, el magnicidio de Gaitán es una estela de dudas, salvo su muerte. Todo quedó en la impunidad y la verdad más sepultada que el difunto. Como Roa se basa en una novela (ficción sobre la ficción), la adaptación se hizo –lo dijo su director- transformando esa novela según los requerimientos de la película. Y el hecho era mostrar más que a Gaitán a su verdugo: un joven del que poco se puede decir, salvo que se encontraba agobiado y de un momento a otro resultó como artífice de haber planeado el hecho que partió en dos la historia de Colombia.

He ahí un problema mayor, Roa no es creíble, los artificios resultan de poca valía como para ponerlo como el que tuvo relación en el asesinato del caudillo. Como espectadores quedamos en un manto de dudas de lo que conllevó a que hiciera tal acontecimiento. Parece ser que es el agobio social: no tener empleo, no hallarse como un ser querido, los pocos espacios (aunque no es muy claro) resultan asfixiándolo, y una obsesión (no definida y poco verosímil) de seguir a Gaitán lo ponen en la picota pública como un sospechoso de querer hacer algo. Luego una especie de mafia (no se sabe tampoco que son) lo recluta y ahí ya está todo preparado para que creamos la versión del asesinato.

El crítico de la revista Semana dijo que el guión de Roa parecía hecho por dos personas, uno es el Roa familiar, otro el agobiado social y yo diría que otro el que lo quiere matar; dice Manuel Kalmanovitz: “Las dos versiones de Roa son tan contradictoras que el personaje se desdibuja. Da la impresión de que un guionista se encargó de la primera parte y otro de la segunda y que nunca se sentaron a ponerse de acuerdo sobre qué clase de persona querían retratar”. Ahora, el crítico y docente Pedro Adrián Zuluaga le apunta a Roa algo de lo que carecen muchas películas: un tono político, por el contrario están desprovistas, como si no hubiesen caras ocultas, o quien (es) orquestara (n) los hechos. Existe una despolitización, producto de obviar o no comprometerse o invalidar lo contundente de toda película: que nos convenza, que creamos, que hay coherencia (así sea con artificios).

De modo que con el cine hay que correr riesgos sin prevenciones. Ahora, Roa, si bien alienta a una tendencia de ir a los hechos históricos y reconstruirlos desde la ficción, puede llegar a motivar otras, como a que nos las vuelvan a hacer. Los señores y la familia quedan satisfechos con la técnica, que la época, que recordar, que Gaitán (aunque luce desdibujado y sin fuerza con la actuación y el telón de fondo que le dieron en la película), pero nada más que un marasmo de incomprensiones es lo que nos queda, así trascendió el hecho, así seguirá.

Ficha técnica:

Año, país, duración 2013, Colombia, 91 minutos
Dirección Andrés Baiz
Guión Andrés Baiz y Patricia Castañeda, basados en una novela de Miguel Torres
Fotografía Guillermo Nieto.
Reparto Catalina Sandino Moreno, Santiago Rodríguez, Mauro Puentes, Rebeca López, John Alex Toro, Carlos Manuel Vesga, Arturo Goetz, César Bordón
Productora Coproducción Colombia-Argentina; Dynamo Capital / RCN Cine / Patagonik Film Group
Género Drama | Basado en hechos reales. Política. Años 40

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