Lunes, 25 de mayo de 2020. Última actualización: Hoy

A mi distinguida Popayán

El martes 7 abril, 2020 a las 12:59 pm
A mi distinguida Popayán
Imagen de referencia: https://radio1040am.com/

A mi distinguida Popayán
… en cuarentena

Con filial emoción, mi sincero homenaje
al presidente, sus ministros y acciones de gobierno
con medidas sociales estructuradas en el marco normativo,
para proteger la vida y salud de los colombianos,
que dan muestra de la gran riqueza estratégica para
contrarrestarle poder a la marca destructora que hoy
aqueja el mundo.

En viernes de dolores, atravesamos la fase II de la pandemia,
no permitamos que el más pequeño reto nos agobie, por su causa
en este encuentro preventivo obligatorio, valoremos nuestra cotidianidad
favoreciendo los valores individuales y de la colectividad.

No hay respuesta a la pregunta de la cura,
solo que se realice un recogimiento seguro,
y se aproveche el tiempo para meditar con criterio
suficiente sobre el acontecimiento de la historia,
que rompió una tradición semana santera.

Hacia el año de 1827, para recibir dignamente
al libertador de América, optaron por ofrecerle
al gran guerrero “La Semana Santa de Popayán”.

En las principales iglesias de la ciudad
se conservan todavía, hermosas efigies o esculturas
de madera que representan a Cristo y a su divina madre,
a Pilatos y a todos los actores del drama que se desarrolló
durante unos días en el huerto de los olivos,
en un montículo de Jerusalén que terminó con el sacrificio
del sublime mártir del calvario, con cuya sangre lavó
su podredumbre el mundo antiguo y se amasaron
los cimientos del soberbio edificio de la civilización cristiana.

Las efigies, que todavía se llevan sobre andas
y se pasean durante las noches, sostenidas por devotos
que los cargan sobre sus hombros, vestidos con un túnico
que cubre sus cuerpos, ceñido con paño y cíngulo,
usando alpargatas de cabuya, admirados por sus
regocijantes espectadores.

Los acompañantes de las efigies van agrupados
para representar los diferentes episodios de la pasión,
tales como el arresto de Jesús en el huerto de los Olivos,
su presentación a Poncio Pilatos, la flagelación,
coronamiento de espinas, la marcha al calvario con la cruz
a cuestas y la crucifixión.

Cada iglesia tiene su noche de procesión
durante la Semana Santa, las ricas efigies
adornadas de verdaderas piedras preciosas
fueron obsequio de ricos piadosos payaneses.

La procesión nocturna de la Virgen Dolorosa,
madre dolorosa o lacrimosa del viernes de dolores,
sus cargueros no cargarán ni en un solo de sus
barrotes el peso de la Dolorosa.

La procesión del domingo de Ramos,
es la de la iglesia de Betlém, la del Lunes Santo
le correspondía a la iglesia de la Compañía de Jesús,
la del Martes Santo al medio día se denominaba como
la procesión de los presos, hoy de los ancianos.

La procesión del Martes Santo en la noche
le corresponde a la iglesia de San Agustín,
preferida por la gente popular. El paso principal es el
señor del Perón, que representa a Jesús,
Cristo de rodillas sobre un globo plateado,
símbolo del mundo, ofreciendo a su padre divino
la cruz en que él había muerto como holocausto
de su martirio y pidiéndole el perdón para
la humanidad doliente y pecadora.

En el año 2020, por primera vez en Popayán,
no se escuchará el bullicio de los vendedores
de cirios y comidas ambulantes, a visitantes
y turistas atraídos por sus esplendores religiosos,
no veremos correr a los cargueros que van tarde,
ni a los moqueros y zahumadoras.

Sus calles en Semana Santa,
lucirán oscuras, frías y desoladas,
no se escuchará la campanilla
de la cruz alta enarbolada y la matraca,
que llevan el sacristán mayor, acólitos y monaguillos.

No retumbará la Banda de Paz, de la Policía nacional,
no habrá tumulto de gente en las esquinas,
ni olor a incienso y laurel ni noches sahumadas
tampoco los tradicionales barrenderos,
no se verán las sombras alargadas,
casi fantasmales de las imágenes sobre
sus paredes blancas y pulcras para la ocasión.

No veremos los primeros pasos
de las procesiones de Popayán, Del San Juan,
La Magdalena y la Verónica, que no llevan
sitiales y doseles, ni su marcha pausada y silenciosa
en medio del sagrado cortejo de la procesión.

No se verán las grandes basílicas
atiborradas de gente en las festividades religiosas,
ni en los museos y sitios de interés económico
y cultural, ni en sus procesiones, suntuosas y magnificas.

Este año en la Semana Mayor,
los hijos de Popayán, no podrán cumplir
con el religioso deber anual cargar los pasos
de la procesión, siendo su gran devoción
y que nunca habían dejado de cumplir
ni en las más grandes circunstancias,
porque mientras mayor era la pesadumbre
del paso que cargaban, era más grande
en su conciencia el tributo que le rendían
a la sagrada efigie que sobre sus hombros llevaban.

Que el Dios de los pueblos permita
que la Popayán de mañana, vuelva a ser
como la Popayán de ayer.

Esperanza Melenje
Periodista Ambiental
Miembro de la Corporación Caucana de Escritores

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