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LA ANTOLOGÍA FALTANTE DE LA POESÍA

El lunes 22 febrero, 2016 a las 10:40 am

“Hasta que no te desprecian o marginan no te defines”. Alex de la Iglesia (Cineasta vasco español).

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

La poesía colombiana en el siglo XX, por influencia española, se clasificó como “Generaciones”. Que en Colombia según esta clasificación, llega hasta la Generación Desencantada y pare de contar como decía Vidales.

Esta categorización acoge a poetas como: Aurelio Arturo y Raúl Gómez Jattin, pero que por constituirse en registros poéticos propios, no caben en los ordenamientos generacionales de la poesía colombiana. Son estas: Generación del Centenario (1910), Generación de Los Nuevos (1928), Generación de Piedra y Cielo (1935), Generación de los Cuadernícolas (1940), Generación de Mito (1955), Generación del Nadaísmo (1958), Generación de Golpe de Dados (1962), Generación Sin Nombre (1969) y Generación Desencantada (1970).

En las décadas ochenta y noventa, surgen poetas designados con el nombre de las respectivas publicaciones de poesía en que se aglutinan hasta hoy.

Para la Generación “Disidencia Utópica”, que reúno, la integran siete poetas, que han vivido y muerto en una época de conflictos y transformaciones sociales. Los cuales abordan poéticamente con rigurosidad, los vericuetos de su tiempo, como lo hizo siempre la gran poesía universal, teniendo en cuenta las fundamentales categorías existenciales de la vida humana: Cronos, Eros y Thanatos.

En esta selección, como ocurre siempre con todas las antologías desde la Lira Nueva (1886) no aparecerán muchos, que también han abordo el género denominado: “Poesía de encargo”, Social, Protesta, Megáfono, Pancarta, Periodística. La presente la componen un conjunto de vates, que eligieron esta ruta del canto épico, tan menospreciada en nuestros días por los puristas que olvidaron, que también la asumieron vates como: Rubén Darío, Neruda, Miguel Hernández, Nicolás Guillén, Maiakovski, y muchos más.

Para esta rigurosa selección requirió para la antología, encontrar la combinación exacta de lo épico con lo lírico, eludiendo los lugares comunes, fraseologías innecesarias. Y por el contrario descubrir atisbos y deslumbramientos inesperados. Porque como dice el gran chileno de Temuco: “El problema no es que el poema sea gordo, flaco, alto o bajo, sino que contenga poesía”.

Lo más difícil es hacer denuncia social en poesía. Lograr que el canto lo haga por sí mismo sin concurso de su autor. Que posea la suficiente magia, síntesis y sordina, al igual que el instrumento que muchos músicos utilizan para menguar el sonido de sus trompetas. “Para que los versos no suenen ni mucho ni poco”.

Que huyan de la grandilocuencia, adjetivación desmesurada, y sobre todo del grito pancartista de megáfono de plaza, por lo cual algunos “consagrados” la denominan así.

Los poetas escogidos para esta antología con nombre dado por el licenciado en Letras, Sergio Moreno Martínez, en su trabajo de grado: “La Poesía de Armando Orozco: Una Generación Desencantada o la Disidencia Utópica”. Pertenecen a la década de los años sesentas y setentas del siglo anterior.

Tiene el propósito de protestar contra el ninguneo, a que se somete a la poesía de encargo social, en un país de mentalidad recalcitrantemente goda y retardataria, que nunca los ha incluido como parte de la “Historia de la Poesía Colombiana.”, que en varias ocasiones se ha publicado.

La Antología de la “Disidencia Utópica”, estará conformada con diez poemas de cada uno de los que aparecen: Plutarco Elías Ramírez, Manuel Cepeda Vargas, Marco Realpe Borja, el autor, Fernando Rendón, Guillermo Bustamante, y María Isabel García Mayorca.

Publico una muestra del poeta caucano Plutarco Elías, que iniciará el Florilegio, que completa el panorama poético colombiano.

PLUTARCO ELÍAS RAMÍREZ
(Bordo- Cauca- Colombia 1939/ La Habana-Cuba 1968)

Y SIGUEN VIVOS AÚN SUS ASESINOS

Si al llegar a tu casa, muchacha, te regañan
y dicen que es muy tarde,
responde acusadora que qué importa
si a Fermín Charry lo mataron.
Si el marido te coge, mujercita paciente,
y grita y te ofende y te apalea
rebélate por fin, vuelve a la vida,
que a Fermín Charry lo mataron.
Que a Fermín Charry lo mataron
de tres tiros traidores por la espalda
y quedó con los ojos fusilados
abiertos, alumbrando y fusilando.

Si mañana te cobran, estudiante, el arriendo
y tienes que empeñar tus dos vestidos
y te queman los libros y los lápices
y te saquean la cama y las cobijas,
sal desnudo a las calles y a las plazas,
golpea en las puertas, llama a los transeúntes,
y con un trozo de carbón de piedra
escribe en las paredes, bien teñido,
que ha Fermín Charry ya lo asesinaron
y siguen vivos aún sus asesinos.
Si te dejó la novia, joven triste ,
y se fue al cine con el otro amigo:
si no llegó la carta, y si el destino
-que apenas es un perro callejero-
no te cumplió la cita;
si dos más dos son cuatro y tú lo sabes,
si todo el mundo lucha por la vida,
cierra tu puño y lánzalo a los vientos
detrás de las quijadas de los buitres,
que a Fermín Charry nos lo asesinaron
en Gaitania, en enero, un lunes once,
¡y siguen vivos aún sus asesinos!

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