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UNA CARTA AL PADRE…

El viernes 12 febrero, 2016 a las 2:35 pm

 

Crepitaciones 2016

Con motivo de la muerte de mi Señor Padre José Antonio Dorado en Popayán (Cauca), ocurrida el pasado 28 de diciembre de 2015, a la edad de 89 años, la cual siempre marcará nuestras vidas con tinta indeleble, al mes exacto de ocurrido el triste suceso, sus hijos nos dimos a la tarea melancólica (y al mismo tiempo reconfortante) de revisar y recoger algunos de sus tesoros más entrañables y sentimentales que lo acompañaron en vida: una placa recordatoria de reconocimiento por 40 años de labores musicales otorgada por la anterior administración municipal de Bolívar (Cauca), un radio Phillips de tres bandas (en el cual tuve la oportunidad de escuchar la noticia del asesinato de John F. Kennedy el luctuoso 22 de noviembre de 1963, cuando yo era un “pelao” y tenía 11 años), un libro de “Cultura Musical” de Juan José Briceño, una auténtica joya literaria y musical, con la cual mi padre se auto educó y orientó clases de música en los colegios de mi pueblo natal, una trompeta Chibouville, muy trajinada y experimentada en 40 años de música como Director de la Banda Municipal de Músicos “Nuestra Señora de Lourdes”, y una carta que le escribí en mi vieja máquina de escribir Brother cuando él tenía 58 años, era muy fuerte como un roble de los de antes y yo tenía 33, la edad de Cristo.

Como el pasado 9 de febrero se conmemoró en Colombia el Día del Periodista, quiero compartir con ustedes, amables lectores, esa carta, que para mí es un auténtico tesoro, pues en ella le manifestaba a mi padre mis agradecimientos por haberme convertido en el periodista que, orgullosamente hoy soy, al servicio de PROCLAMA, por más de 30 años. Leamos:

Santander de Quilichao (Cauca), Julio 19 de 1985

Extrañado papá:

El periodismo es, junto a la literatura, mi vocación preferida, algo que siento en mis venas y en mi vida, una profesión muy interesante, propicia para desarrollar mis aptitudes intelectuales y que me prepara de manera concienzuda para ejercer mi otra vocación de literato. Desde aquellos incomparables días de mi infancia en que usted nos ponía a vender “El Siglo”, se prendió en mí la inquietud periodística, recordando ahora con sumo deleite cómo leía aquellos periódicos, casi devorándolos, agradeciéndole a Usted por darme esa oportunidad magnífica que hoy cultivo con agrado.

Es por eso que he decidido de ahora en adelante enviarle aquellos periódicos donde tengo la oportunidad de escribir, para compensar en algo lo que Usted hizo por mí, con la certeza de que se sentirá satisfecho, pues NO HAY MAYOR FELICIDAD PARA UN PADRE QUE LA REPRESENTADA POR LOS TRIUNFOS DE SUS HIJOS, estando plenamente seguro que así correspondo de alguna manera con lo que hizo por mí.

Y no solamente el periodismo es mi fuerte, ya que la literatura representa mi otra pasión; por eso, cuando escribí el cuento “Un día, un hombre” (publicado por PROCLAMA), la figura de aquel hombre lo representaba a Usted, como un homenaje de parte mía, como un honor, representando su persona un conjunto de atributos buenos como modelo para lo que escribo. De este modo, intento corresponder a todo lo Usted se sacrificó por mí y por nosotros, estando plenamente seguro que SU FIGURA BRILLARÁ CON LUZ PROPIA. Gracias papá, por todo lo que ha hecho por mí. Con lo que escribo, rescato su persona ante los demás y le confiere su dignidad. JAENDOR.

Como mi padre era tan ordenado en sus cosas, al final de la carta había colocado su nota de Revisado, con fecha Julio 25 de 1985, hora: 3 y 13 minutos PM.

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