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DARÍO EL POETA DE LA LENGUA ESPAÑOLA

El sábado 6 febrero, 2016 a las 9:25 am
Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

América Latina cuenta con dos libertadores: El venezolano Simón Bolívar, y el nicaragüense: Félix Rubén Darío Sarmiento, el poeta de la lengua española, hablada en Latinoamérica.

Rubén Darío nació en San Pedro de Metapa en 1867, y su obra en verso y prosa, dio comienzo a la modernidad literaria del continente latinoamericano, llegando a ser en castellano el poeta más influyente de su época. Sus escritos hacían referencia a la nueva forma de pensar y escribir el español.

El Modernismo, significó la independencia cultural latinoamericana, y una toma de conciencia. El término modernismo, lo uso cuando apareció su primer libro “Azul”, editado en Valparaíso- Chile en 1888, que escribió tomando de la poesía, la cultura española, francesa, italiana, griega, latina, de las cuales insertó sus ideas y conceptos en su obra en prosa y verso, dando pauta para que otros escritores contemporáneos crearan sus obras, y otros que vinieron después.

Darío experimentó en varios estilos y formas del Parnasianismo, Simbolismo, pasando del hexámetro latino al soneto. Se convirtió en el jefe de la escuela modernista. Viajó por España, Francia y los Estados Unidos, ejerciendo el periodismo y la diplomacia.

Algunas de sus obras publicadas a finales del siglo XIX fueron: Prosas profanas. (1892) Los raros y Cantos de vida y esperanza. (1886) En 1905 fue uno de los primeros intelectuales latinoamericanos, genuinamente cosmopolita.

Juan Valera: Crítico, escritor, ensayista y diplomático, descubrió al nicaragüense en un ensayo, que escribió sobre su libro Azul, donde dice de él, que padece de “Galicismo mental”. Conoció a personajes como la condesa española Pardo Bazán, el francés Paul Verlaine, príncipe del Movimiento Simbolista. Fue gran amigo del colombiano José María Vargas Vila, y al cubano José Martí, escritor, poeta y apóstol de la independencia cubana.

Rubén Darío, trabajo en la redacción del periódico argentino: La Nación de Buenos Aires, entre 1893 y 1897. Año en que reafirmó su influencia internacional como e intelectual poeta. Sus últimas obras fueron: “El canto errante”, “Poema del otoño”, “Canto a la Argentina”. Publicados en Madrid entre 1907 y 1914.

El poeta de Metapa, fue dueño de una excepcional asimilación del lenguaje poético de su tiempo. Sin él la literatura de América Latina, no hubiera abandonado su sentimiento de inferioridad, ni su aislamiento. Por él, las letras de nuestras tierras, alcanzaron un sitial propio y original en la cultura del siglo XX.

El dominicano Max Henríquez Ureña, dijo de él: “Todo lo renovó: la materia, el vocabulario, la métrica, la magia peculiar de ciertas palabras, la sensibilidad del poeta y de sus lectores. Su labor ni ha cesado y no cesará, quien alguna vez lo combatimos, comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar el Libertador”.

Y el poeta y cuentista argentino, Jorge Luis Borges, expresó: “Variar la entonación de un idioma, afirmar su música, es quizás la obra capital del poeta”, que fue lo que hizo Rubén Darío con la lengua española.

Félix Rubén Darío Sarmiento

Retrato de Rubén Darío por José María Vargas Vila en 1901.

Pocos días después, Darío me invitó a comer; vivía por entonces, muy retirado, allá hacia las alturas de la butte, en Montmartre; eran tiempos duros para el poeta; no habían caído aún sobre él, gajes consulares ni diplomáticos; vivía de sus correspondencias a La Nación; vivía con decoro, con dignidad. Darío, no fue nunca,-o al menos mientras yo lo conocí- el bohemio profesional, que muchos se gozan en pintar: era serio, era meditativo, era honesto; amaba su gloria con pasión, y gozaba de rodearla de cierto decoro; era atento, ceremonioso, hospitalario; tuvo siempre su casa abierta, y, su mesa servida para sus amigos: si hubiera sido adinerado, habría sido el más esplendido de los anfitriones; amaba los ricos manjares, y gozaba en preparar algunos con sus propias manos, alardeando de sus conocimientos en el Arte de Brillat Savarín; para probar uno de esos platos a la americana, preparado por él, me invitó a comer en su casa; fue como siempre, esplendido, fraternal, de una ingenuidad infantil, que era el más bello atractivo de su carácter; (…)José María Vargas Vila / Rubén Darío / Colección “La expresión americana”, Biblioteca Ayacucho, 1994, Venezuela.

Se casó tres veces. Murió en su país en 1916.

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