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El río seco y las calles inundadas

El sábado 23 enero, 2016 a las 8:19 pm
Alfonso J. Luna Geller

Por Alfonso J. Luna Geller

Nos informaba el periodista Miguel Ángel Palta, a través de las redes sociales, que esta mañana, luego de infernal calor, se inundó parte de Cali por un inesperado aguacero.

Tan fuerte que, bomberos de la Estación de Villa del Sur buscaban a un hombre que resultó arrastrado por el ímpetu de un canal de aguas residuales que desde el Mariano Ramos va hasta el canal CVC Sur, cerca de la escombrera de la Carrera 50; mientras tanto, los bomberos de La Flora atendían el llamado de la Policía que informaba sobre una mujer que sufría similar percance en cercanías del río Cali.

Se reportó, además, la afectación de cuatro apartamentos de un edificio en el barrio Guaduales, donde, en medio de las inundaciones, resultó lesionado un hombre de 63 años al caerle un pedazo de la construcción. También se presentó hundimiento de la autopista suroriental y fallas en los circuitos eléctricos de Mojica y La Flora, afectando el servicio de energía en los barrios Vipasa, Prados del Norte, Flora, Alirio Mora Beltrán, Potrero Grande, Pizamos I,II, III y Ciudadela Compartir.

Y mientras se inundan las calles, los ríos se secan, “gracias” a las autoridades que permiten la tala de bosques, la explotación minera, la contaminación industrial, la desviación de todas las fuentes de agua para usos agrícolas y ganaderos junto con la contaminación con todo tipo de basuras y residuos químicos, inclusive de las calles de las ciudades, basuras que taponan el sistema de alcantarillados y causan los desastres que registran los medios de comunicación cada vez que llueve.

Ni el intenso verano, ni el infausto invierno que padecen las comunidades son asuntos naturales… todo lo inverso, son consecuencia de la acción humana contra la naturaleza. Y ésta tiene memoria.

Pero eso no importa, hay que sufrirlas, porque para eso fue que se inventaron teorías que explican y justifican la supremacía del dinero y las finanzas sobre la riqueza natural y la calidad de vida: unos extraños fenómenos que bautizaron “El Niño”, cuando llegan los incendios forestales y las muertes por sequías; y “La Niña”, para lo opuesto, cuando sobreviene la temporada de inundaciones y los eventos meteorológicos extremos como tormentas y ciclones tropicales. Utilizando tal comodín se sustituye cualquier responsabilidad y se supone demostrado que es exageración e ignorancia responsabilizar a la acción humana del cambio climático; lo válido para muchos es convertir la destrucción ambiental en plata, para eso hay “científicos” que lo avalan.

En compensación, como sofisma de distracción, los monopolios mediáticos testifican con suficiencia que vivimos en el país con el índice de felicidad más alto del mundo. Entonces, ¡que vivan los carnavales! Qué importa la alerta roja porque el Magdalena, el Cauca, y sus afluentes, tengan los niveles más bajos de su historia. Tranquilos, después del Niño, vendrá la Niña… ¡Que vivan las fiestas y la felicidad! Eso de que son las cuencas que abastecen de agua al 70 por ciento de Colombia, lo dejamos para después de fiestas, que son todos los días. Adelante, pues, con el progreso. Ja ja ja ja, como escriben los muchachos en las redes sociales.

Después de la escasez de agua, preparémonos para mañana, cuando volverán enormes inundaciones, deslizamientos de tierras, terremotos, tsunamis, tormentas eléctricas, temblores y huracanes. Y, ¡que vivan los carnavales y la búsqueda de dinero a como dé lugar!

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