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EL ALZHEIMER DE LA URBE

El jueves 21 enero, 2016 a las 3:24 pm

¿Dónde está la memoria de la ciudad? En sus espacios, monumentos y edificios, calles y plazas, parques y en el paisaje que la circunda.
Alberto Saldarriaga

Armando Orozco Tovar

Armando Orozco Tovar

Alguna vez escribí acerca del atraco al monumento a Jaime Pardo Leal del escultor caqueteño Emiro Garzón ya fallecido, realizado en el 89.

Aquella vez me referí al mutismo mediático del atropello y silencio que lo rodeó, sólo roto por alguien que manifestó: “Lo tumbaron por feo…”

Llama la atención la indiferencia mostrada por artistas e intelectuales, pero no es raro en un país godo e indolente, que si no se hubiera independizado Panamá en 1903, estaría peor que el departamento del Chocó, y el Canal aún pertenecería al imperio.

Aquella vez investigando en el lugar, algunos entrevistados dijeron: “Nosotros le informamos a los policías mostrándole la persona que se lo robaba, pero no hicieron nada”.

El martes volví al “Lugar de Memoria”, el Parque – Renacimiento – de la Paz y Memoria, digno de visitar donde yacen en fosa común las víctimas anónimas del bogotazo de abril de 1948, y que es custodiada en su entrada por: “Hombre a caballo”, una escultura de Fernando Botero. Observando que el robusto jinete y su grueso alazán de bronce, están descuidados como siempre lo han estado los monumentos olvidados y destruidos de la capital.

Le falta a la escultura un regalo del artista a Bogotá, una buena bolichada, y que le quiten la basura puesta encima, para que brille con los rayos del sol que llegan del oriente donde hoy expone su obra y su hijo lanza un libro en chino acerca del artista colombo- paisa- universal.

También en mi periplo observé con tristeza las ruinas del “Ala solar”, otro regalo Alejandro Otero del artista cinético venezolano (1921- 1990) que está situado en la plaza Democracia, calle 26 cerca al indiferente Concejo capitalino.

La pregunta es hasta cuándo la indolencia de las autoridades. En el 80 (antes de J.C.) hice la misma denuncia, que parece sirvió porque la casa donde asesinaron en 1896 al poeta José A. Silva, en el barrio de La Candelaria, estaba a punto de demolición dentro del “plan peñalosista” de aquella época, transformándose en la Casa de Poesía, una fundación monumento nacional patrimonial.

Recuerda el arquitecto Alberto Saldaña, que: “las ciudades poseen memoria”, pero en Bogotá el Alzheimer sus gobernantes.

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