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La izquierda en capilla

El viernes 15 enero, 2016 a las 8:05 am
Felipe Solarte Nates

Por Leandro Felipe Solarte Nates

Con el triunfo de Macri en Argentina, la oposición en la Asamblea venezolana, Peñalosa en Bogotá y el juicio abierto por el Congreso brasileño contra la presidenta Dilma Roussef, después de años de predominio de la izquierda en gobiernos suramericanos, el péndulo político vuelve a la derecha.

En Venezuela hace 17 años, con el ascenso a la presidencia del locuaz y vociferante contra el imperio Hugo Chávez, proclamándose como reencarnación del Libertador Simón Bolívar, en plena bonanza petrolera, la mayoría de la población desposeída fue beneficiada con numerosos y generosos programas asistencialistas que mejoraron notablemente sus condiciones de vida. Como el rico altruista que reparte el súperpremio del Baloto entre sus amigos pobres sin pensar que algún día se le acabe si no lo invierte bien, el comandante Hugo no sólo fue generoso con sus compatriotas sino con todos sus vecinos del Caribe y Suramérica, empezando por Cuba y Nicaragua a quienes abrió sus grifos petroleros y financió numerosos proyectos productivos a cambio de las ‘misiones sociales’ de los médicos y educadores cubanos ansiando volarse a Miami.

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En política internacional además de insultar a pulmón tendido a sus ‘pitiyanquis’ enemigos internos y a los gringos, promovió la integración de los gobiernos afines del Brasil de Lula, Argentina de Kirchner, Ecuador de Correa, Bolivia de Evo, Uruguay de Tabaré y Mujica, Chile de Bachelet, Paraguay y otros gobiernos de ‘derecha’ como Colombia y Perú, al crear la Unasur, como alternativa a la desacreditada OEA, considerada como “apéndice del imperialismo yanqui”.

A la par que Venezuela se retiraba del Pacto Andino y disminuía el comercio con Colombia, Chávez creó el Alba como alternativa de unión económica con Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Cuba y otros países y financió Petrocaribe.

Con la muerte del comandante, el desplome de los precios del petróleo, pésima  administración de PDVSA, la crisis económica mundial, la inflación, desabastecimiento interno de productos básicos, vulgar persecución a la oposición y búsqueda de ‘enemigos externos causantes de sus males’, como Colombia al cerrar fronteras, Maduro y la corrupta cúpula de Diosdado y la familia Chávez, acumulando privilegiadas posiciones y riquezas, fueron abandonados por los electores, a pesar del millón de casas gratis y subsidios a los pobres.

El triunfo de Néstor Kirchner hace 13 años se dio en la Argentina gracias a la profunda crisis socioeconómica desencadenada por la aplicación del neoliberalismo despiadado con apogeo y crisis en el gobierno del exsuegro de Shakira, Fernando de la Rúa, cuando el desempleo, inflación y ‘corralito’ financiero contra los ahorradores en los bancos especuladores exasperaron al pueblo, que se lanzó masivamente a protestar en sitios públicos tomados durante semanas enteras.

Las reformas  orientadas a reactivar la economía y nacionalización de empresas y multinacionales como la petrolera española Repsol, con activa participación de los trabajadores y numerosos programas de salud, educación y vivienda, en beneficio de las clases media y popular, mejoraron notablemente las precarias condiciones de vida de los argentinos, quienes apoyaron mayoritariamente al peronismo en sucesivas elecciones para el Congreso y la Presidencia de la República, en cabeza de Cristina Fernández, la viuda de Kirchner después de que este murió súbitamente. A la luna de miel con las mayorías, transcurridos 13 años en el poder, vino el desgaste de imagen del gobierno azuzada por la inflación; persecución a poderosos medios de comunicación y a denuncias de corrupción en la cúpula de gobierno y el acelerado incremento del patrimonio de la familia presidencial; la misteriosa muerte del fiscal que iba a acusarla por intentar desviar la investigación en el caso de la bomba contra una asociación judía; más los intentos de Cristina por incluir a su hijo mayor en posiciones  privilegiadas del peronismo, perfilándolo como ‘delfín’ a la colombiana, lo que no es común en una democracia con población más educada políticamente como la argentina. El peso electoral del gran Buenos Aires en comparación al resto de ciudades y provincias gauchas, determinó que la oposición ganará la Prefectura (alcaldía) y la Presidencia de la República.

En Bogotá, a pesar de numerosos programas en educación, salud, alimentación escolar, subsidios de transporte, servicios públicos y otros orientados a los de menores ingresos, el desgaste de la izquierda se desencadenó durante el corrupto gobierno de Samuel Moreno y se completó con la gris gestión de Petro, caracterizado por su terquedad y poca capacidad de ejecución en obras y gestión administrativa relacionadas con vías, transporte, recolección de basuras, entre otras. A pesar de estructurar el proyecto del Metro esto no fue suficiente y los poderosos medios de comunicación se encargaron de amplificar sus errores y minimizar sus aciertos. Clara López pagó el desgaste de la izquierda en el poder. Es el oscilar de ideologías y sistemas en el tiempo y oportunidad de aprender a levantar los dedos ante los tropezones.

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