Lunes, 6 de diciembre de 2021. Última actualización: Hoy

40 años de publicada “¡Que viva la música!” de Andrés Caicedo

El miércoles 8 marzo, 2017 a las 10:39 am
Por: Felipe Solarte Nates

Por: Felipe Solarte Nates

Hace 40 años y después de más de 20 vanos intentos para que le publicarán sus relatos en editoriales del país y el exterior, según cuenta su hermana Rosario, por fin Andrés Caicedo Estela, después de ver publicado “El atravesado”, financiado por su madre, tuvo en sus manos la edición de su novela cumbre: “¡Qué viva la música!”, editada por el autor en medio del verdor que tanto le gustaba de la hacienda de toros de casta “Ambalo”, en Silvia, Cauca y afortunadamente reconocida en su calidad por el poeta Juan Gustavo Cobo Borda, entonces director de Colcultura, quien prometió publicársela. Sin embargo la culminación de este esfuerzo que auguraba una monumental obra que desbordaría la vasta que escribió sobre cine teatro, cuento y novela, en sus 24 años de vida, fue truncada por barbitúrica decisión del autor, un 4 de marzo de 1977; la misma fecha en que 6 años antes, en Popayán, fue asesinado Carlos Augusto González Posso, “Tuto”, adolescente líder y poeta, durante una marcha estudiantil como protesta al asesinato en Cali, el 26 de febrero de 1971, de dos estudiantes universitarios, eventos que también influyeron en Andrés Caicedo; al igual que la contracultura hippie; las protestas contra la guerra del Vietnam; la lucha por los derechos civiles y contra el racismo en los Estados Unidos; el “prohibido prohibir” de los estudiantes de mayo del 68, en Paris; la liberación femenina; los Rolling Stones; la gran influencia de “La ciudad y los perros” de Mario Vargas Llosa; el “agúzate que te están velando” de Richy Ray & Bobby Cruz y el despegue de la salsa en Cali; entre otros eventos que marcaron al autor y la época, según refieren contemporáneos y su hermana Rosario, un año mayor que él y con quien compartió su amor por el cine, el teatro y la literatura.

Cuentos de Andrés Caicedo, obras de teatro y sus comentarios sobre el séptimo arte, condensados en la revista “Ojo al cine”, de la cual fue fundador y director a la par del cine-club San Fernando, evidenciaron la gran capacidad de trabajo, análisis y de escribir de este precoz autor, que según su hermana, desde los 12 o 13 años, además de leer a autores como Joyce, tecleando insistentemente sobre su máquina de escribir se expresaba con una claridad y altura intelectual que nada tenían que ver con su intermitencia al tartamudear. Entonces se relacionó con Enrique Buenaventura Lalinde, director del Teatro Experimental de Cali, quien le dio consejos para controlar su defecto cuando actuó en una de sus obras. Tal vez esta dificultad lo indujo a ser más escritor y director de sus propias obras de teatro, desde que estudiaba bachillerato en el San Luis Gonzaga, como la titulada “Recibiendo al nuevo alumno”, que fue presentada en el paraninfo Caldas de la universidad del Cauca, en 1969, cuando tenía 18 años: “Recuerdo que uno de los actores era Ramiro Arbeláez y años más tarde me contó cómo la gente que fue a ver la puesta en escena empezó a salirse, porque había situaciones tan escandalosas como un sacerdote masturbándose con un crucifijo”, refiere su hermana Rosario, en entrevista publicada en “Gaceta” dominical de El País, de Cali.

“¡Que viva la música!” de Andrés CaicedoAl cumplirse 40 años de la publicación de “Que viva la música” y de la muerte de su actor, su obra sigue viva en el gusto e imaginario de la juventud de antes y la actual, como pudo constatarlo Rosario, en Barichara, Santander, donde un estudiante de bachillerato se aprendió de memoria el “El atravesado” y se los despachó de una, después de confesarle que se había identificado con la obra al leerla.

Aunque la literatura urbana en el siglo XX colombiano ya había tenido pioneros como José Felix Fuenmayor, después del largo período de predominio en temáticas sobre la violencia y los conflictos alrededor de la lucha por la tierra, la obra de Andrés Caicedo surgió como una ruptura, más influenciada por “Los cachorros” de Mario Vargas Llosa y el “Ulyses, de Joyce, que por la aplanadora de “Cien años de soledad”, de Gabo, que copó el firmamento literario y opacó la obra de destacados contemporáneos colombianos, algunos tratando de imitarlo.

Andrés Caicedo, en sus patoneadas físicas y literarias del norte al sur de Cali, al estilo de Paul Auster, en su “Trilogía de Nueva York”, dio voz y vida a esa juventud de finales de los 60 e inicios de los 70, cuando las obras de los Juegos Panamericanos la habían ‘patasarribiado’ y las ideas, modas y estilo de vida chocaban bruscamente con la godarria vallecaucana dirigente y con su padre, quien tratando de entender su suicidio se dedicó a  rescatar su vasta obra del olvido, entregándosela ordenada a Sandro Romero Rey y Luis Ospina, sus compañeros de cinefilia para que gestionaran su publicación.

SU SUICIDÓ

Acerca del suicidio, como siempre sucede en estos casos y con una persona tan joven, se entremezclan muchas versiones; pero lo cierto es que él ya había hecho dos intentos, se consideraba anacrónico, había perdido dos hermanos pequeños y al quedar como el hombre de la casa en medio de tres hermanas mayores y la madre recibió excesiva presión de su padre proveniente de una familia conservadora de terratenientes que lo querían ver como profesional: abogado o médico exitoso que descollara en la clase dirigente y no en el tartamudo, tirando a hippie, con el pelo hasta más abajo de los hombros, amante del teatro, escribir, ver cine y comentar de arte, fumar marihuana, tomar barbíturicos, juntarse con jóvenes de clase popular a los que les gustaba la salsa, un ritmo de negros puertorriqueños y cubanos que tomaba auge en New York, etc. Su hermana refiere que cuando fue a visitarla a Houston, Texas, llevó dos guiones cinematográficos para que se los tradujera y ella con el limitado inglés que conocía lo hizo. Andrés los llevó a Los Ángeles; pero no fueron aceptados lo que lo deprimió enormemente y aceleró su regreso a Colombia. También encuentran justificación en una carta desesperada que le escribió a una novia que lo había sacado; pero en realidad como Alejandra Pizarnik tenía marcada la muerte y depresión en su agenda y había expresado que no valía pena vivir después de los 25 años. Fuera de sus cuentos largos o novelas cortas como «El atravesado» y «Angelitos empantanados» y su novela «Que viva la música, escribió sobre cine y sus comentarios están condensados en un voluminoso libro y sus aportes fueron reconocidos por la prestigiosa revista francesa Cahiers de cinema.

Sigue a Proclama en Google News
También te puede interesar
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?