EL DULCE E INGRATO SOPOR – Proclama del Cauca
Viernes, 28 de julio de 2017. Última actualización: Hoy

EL DULCE E INGRATO SOPOR

El Sábado 15 Julio, 2017 a las 10:07 am

El sol madura todo en el Universo como el fuego, y santifica. Ante el calor de un horno el pan madura, resplandece y es alimento nutritivo. Por el calor en el mundo apareció un día dando vueltas el sopor, semidormido y algo enamorado, hijo del sol.

El sopor nació un día que el Sol había bebido un jugo de dátil para calmar la sed mientras daba la vuelta al mundo. Parecía un recorrido largo, como el que hacen los beduinos cuando cruzan el desierto del Sahara. Y el sol no puede guarecerse de sí mismo con un manto blanco ni cubrirse la espalda para no quemarse.

El ser humano, muchas veces, bajo los inclementes rayos del Coloso, busca la sombra de un eucalipto, de una acacia, del roble o de un alero en los poblados. Y cuando llega a casa está doblegado por el cansancio y por el efecto del calor sobre su cuerpo lleno de puntos en su piel. Son tantos los intersticios de su piel que absorben el ardor del sol que su ánimo recula y se amilana sobre sí mismo. Deviene, así, en un profundo sopor.

En la zona del Ecuador, el sol se propone alumbrar y calentar más que en otras latitudes. Cae perpendicular sobre piedras, tierra, cemento y vías carreteables. Y sobre los seres endebles con piel que recoge inevitable sus rayos infernales.

Que el Rey de los astros ilumine en esta porción del universo con tal fuerza produce fácilmente los efectos del sopor.

El sopor no es, ciertamente, una enfermedad ni una calamidad. Puede ser considerado por algunos un estado corporal ideal para tomar una ducha, para tenderse sobre una hamaca o simplemente para sentarse en un sofá a tomar una bebida refrescante que mitigue ese desaliento inocente, resultado del calor. Una corta temporada de estadía a la sombra y acompañarse de un líquido frío acabará con ese pequeño virus llamado sopor.

Cuando uno entra en ese estado, los músculos se distensionan, la voluntad se oprime, las ideas se refugian en el reposo y solo las sombras y el descanso logran abatir el desaliento que causa el mísero sopor. Como si la sangre hubiera hervido, como si se hubiese recorrido una etapa contra reloj y se hubiera perdido por menos de una fracción de segundo.

Todos hemos experimentado lo que es el sopor. Sentirlo como que agosta el poder de la voluntad y merma la capacidad de obrar con lucidez. Pero es un estado no letárgico, no es provocar adrede un malestar físico.

Lo han experimentado deportistas, viajeros, profesionales en los laboratorios o en cursos intensivos. Igual al efecto que acarrea recibir por largo rato los rayos del sol. Hay somnolencia, cansancio, sensación de no querer obrar a renglón seguido en una actividad. Se necesita descansar, permitir que el cuerpo agotado y embotado se recupere y vuelva a su elasticidad y rendimiento óptimo.

08-07-17                                           8:09 p.m.

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