RULFO DE PÁRAMO Y LLAMAS – Proclama del Cauca
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Viernes, 21 de julio de 2017. Última actualización: Hoy

RULFO DE PÁRAMO Y LLAMAS

El Martes 16 Mayo, 2017 a las 8:09 am

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

http://cultura.elpais.com/cultura/2017/05/13/actualidad/1494637687_211622.html

Sayula lo vio nacer, México lo vio crecer y “el lugar del comal”, Comala lo hizo triunfar. Tuvo una niñez arraigada en su tierra detrás de los ojos con que miró su madre. Auscultaban los campos crudos, las muchachas bonitas, el paisaje, las lomas con papalotes, la noche y los habitantes nocturnos que le formaron su yo interior.

Lo imagina uno como un soñador, de bigotes largos, de frente arrugada y con un cigarro entre los dientes. Cuenta su biografía que a los 32 años compró un cuaderno para escribir sobre el mundo que lo que lo invadía. El librero lo miró extrañado. ¿Cómo un hombre compraba un cuaderno escolar y no una agenda? Pero Rulfo quería garabatear y pintar árboles, casas de barro y horno, caminos de piedra y lodo. Y sombras que caminaban y llamas ocres con humo viviente al fondo.

¿Qué por qué Juan Rulfo gusta y nos atrae? Por su poesía, por la exquisitez de tratar el idioma, por llenar de imágenes el camino, por la sencillez y silencios que inundan ese río de palabras que escribe. Sí. Cada párrafo es un plato sobre la mesa. No acaba uno de terminarlo cuando ya empieza a llegar el siguiente. Y no se llena el vientre, no se cansa el oído de sentir los murmullos de su voz y la respiración que descansa.

No dice cosas exorbitantes ni habla de inventos y fantasmagorías. Conversa con sus personajes como si lo estuviera haciendo con el lector. En esto consiste su narración realista y mágica. “Te he dicho que te salgas del excusado. Sí, mamá, ya voy. – ¿Y tú qué estabas haciendo? ¿Rezando? – No, abuela, solamente estaba viendo llover”. 

Va entrando uno a Comala y cuando toca a la puerta y sale a responder el llamado alguien que no existe suena como si existiera. Cae uno en un engaño gozoso y mira a lado y lado para ver quién más vive. No, no hay nadie más. Es un pueblo vacío. Inexistente, muerto como todos sus habitantes. Yo, inocente, lo creí la primera vez que abrí el libro de Rulfo. Es tan transparente su narración y tan creíble.

Me enamoré de Comala y me he ido a vivir allí. Comprendí que Rulfo no era un escritor común y barato. Era un mago, era un cocinador de imágenes y hacedor de pueblos y personajes sin carne ni hueso, con paredes que se abren como puertas sin tablones. Abrir algo que no tiene materia ni piel ni madera. ¿Cuándo había yo imaginado que Pancho y Ramona en “Educando a Papá” no habían existido? Tarde aprendí en Rulfo a saber lo que era una novela y lo que era  ficción en un cuento tan corto.

Tarde no. A la edad que Rulfo empezó a escribir. A la edad que Jesús murió después de predicar junto al lago de Tiberíades. Y después ha corrido mucha agua por debajo y encima de los puentes. ¿Quién es este Rulfo que así embauca a la gente?   

15-05-17                                    10:00 a.m.