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DE NUEVO PASEO POR LAS RIBERAS DEL RÍO

El lunes 7 agosto, 2017 a las 10:36 am

Ah, qué fruición tan honda volver a caminar por la finca de uno. Tener un Río propio es el mejor regalo que la Naturaleza puede ofrecerle a los habitantes de un municipio. Y al Río Cali lo tengo otra vez casi en la almohada pues he conseguido vivir en el centro de la ciudad y el Río corre a escasos metros de mi vivienda.

He regresado y he podido dar dos repasos a los predios que tantas veces recorrí en años pasados y he podido ejercitar de nuevo el “avistamiento” de reptiles, aves, ardillas, flores, lianas y, por supuesto, las ondas cantarinas del Río. Los ojos habían perdido la agilidad de buscar entre las ramas y troncos de las iguas, y a la distancia, a las mimetizadas iguanas. Llevo dos días y apenas he oído el carraspeo de algún carpintero. No se han dejado ver. Y, -cosa extraña- no he logrado ver a los coquetos petirrojos por la Avenida Colombia que saltaban de árbol en árbol mientras pasábamos… Ni, oh sorpresa, han aparecido las pequeñas bandadas de canarios picoteando por el camino junto a la antigua Casa Obeso.

Tal vez, ansioso, he esperado encontrarlos como si no hubiera pasado el tiempo. Pero ya van más de nueve meses sin verlos y ellos andan en otros lugares, tal vez, buscándome. Son ellos como los humanos: se acostumbran a verlo a uno y salen a la hora que coincide con su salida a conseguir las semillas y las sobras de pan o de otra comida que alguien les llevaba. Además, tal vez he madrugado un poco más y ellos no se han percatado de mi regreso.

Sin embargo, el Río, es el mismo. Aunque tendría que contradecir un poco a Heráclito. Las aguas del Río Cali se juntan siempre con las del Aguacatal que le prestan el favor de aclararlas con su límpida albura. Hoy estaba el Río algo turbio pero abundante. Cantaba con su garganta a voz en cuello. Era sonoro y altivo su tono. Al fin y al cabo se abre mañana un nuevo mes de alegrías y celebraciones. Y yo lo veo el mismo. Puedo meter mis manos allí y certificar que es el mismo de hace meses. Y, si examinara su canto Remo Ceccato, podría hacer un cuatro por cuatro, rápido, con la alegría de su lengua blanca.

He visto en varios lugares unos avisos del Dagma. Se han preocupado de mirar de cerca algunas especies de árboles y, por lo menos, hasta donde he leído, han declarado “Nobles” a tres clases de árboles. Lástima que en los avisos aparece la imagen del mismo frondoso árbol redondeado y recién peluqueado. No le hacen honor individual a cada clase de árbol. Como si los árboles tuvieran las mismas hojas y color verde. Raro que se hayan ahorrado con la misma foto y sin pena, quieran decir que es “otro” árbol noble, con el mismo uniforme.   

De todos modos es un gran placer haber encontrado mis predios en el mismo estado natural que los dejé. Poco a poco iré redescubriendo sus mil encantos. No encontré muchas caras conocidas. Apenas a Leidy con su sonrisa morada y su jugo de naranjas.

31-07-17                                                 10:50 a.m.

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