Lunes, 23 de mayo de 2022. Última actualización: Hoy

100 AÑOS DEL INSTECNICO

El domingo 29 septiembre, 2013 a las 2:00 pm
Instituto Técnico 01 1963

POR: LEANDRO FELIPE SOLARTE NATES

Sin duda que, para quienes vivimos en el espacio abierto de sus claustros, una de las etapas más agradables de la vida, la celebración del centenario de fundación del colegio Instituto Técnico es algo tan personal y colectivo como el cumpleaños o el día que nos graduamos en el teatro Paz, el 28 de junio de 1974.

A nuestra promoción le tocó el privilegio de convivir entre el espacio físico de la antigua casona, sombreada de samanes, al borde del río y la piscina pública, con arquitectura colonial adaptada a un colegio, y la ‘moderna edificación’ de dos plantas, que tardó más de diez años en ser terminada y en cuyos salones con techo de asbesto, sin puertas y en obra negra cursamos los últimos años de bachillerato y por cuyas ventanas sin rejas, más de una vez nos escapamos de las soporíferas lecciones de religión, cruz roja y estética, programadas en las calurosas tardes, para saltar a los arrumes de arena del primer piso y dirigirnos al norte, rumbo a los guayabales, hoy urbanizados, la ‘cueva del indio’ y la imponente chorrera, hoy cercada.

El colegio Instituto Técnico, -que de tal sólo tiene el nombre, pues sus programas académicos predominantes son de bachillerato clásico-, fue el pionero de educación secundaria en un pueblo que en los albores del siglo XX, era gobernado por patriarcas que pensaron en grande y al cumplirse cien años de la Independencia, mediante venta de acciones, también emprendieron obras, como la construcción de la planta generadora de energía eléctrica, aprovechando las aguas del entonces con peces y regulado río Quilichao, las ampliadas redes del acueducto, que funcionó desde 1869; y proyectos públicos como la galería municipal para trasladar el mercado de la plaza central; el empedrado de las calles principales, la construcción de la Casa Consistorial, el arreglo de las escuelas públicas 1 y 2, que después de fundadas a mediados de la década de 1860, en los años 20 serían bautizadas como Rafael Tello y Francisco de Paula Santander, la construcción de las escuelas Centenario, hoy Institución Educativa Francisco José de Caldas, con primaria y secundaria y otras obras de beneficio y ornato público, como el trazado de los parques Santander, Bolívar y Morales Duque, donde quedaría la estación del ferrocarril, hoy ‘terminal’, en estado terminal.

Colegio Instituto Técnico

En ese entonces se vivía la euforia de la celebración del Centenario de la Independencia y en todos los rincones de Colombia,- con los 25 millones de dólares, con que los gringos legalizaron el desmembramiento de Panamá, el aumento de las exportaciones y la naciente industrialización-, los gobiernos y las comunidades optimistas emprendieron numerosas obras públicas como la construcción de carreteras, para reemplazar las trochas transitadas por los arrieros de mulas y las redes ferroviarias que en 1927 también llegarían a Santander, con su dirigencia embarcándose en proyectos inspirados en el “espíritu cívico ancestral”, -que desde su nacimiento como caserío, cuando era conocido como “Jamaica de los Quilichaos” y sin pompas solemnes ha caracterizado a sus habitantes de varias generaciones, construyendo la ciudad y sus casas, ladrillo sobre ladrillo y con esfuerzo propio, según lo plasmó en su libro, el arquitecto Armando Velasco Zúñiga (q.e.p.d.).

Ya entonces había sido sembrado el enorme parasol natural que años más tarde el padre Arcadio Velasco cantó en su himno: “A la orilla de plácido río / a la sombra de inmenso samán / te levantas plantel de las cuitas-donde corren torrentes de ciencia / …”, aunque en la primera época el colegio funcionó en la vieja edificación que también fue cuartel del ejército y donde hoy está el hospital regional.

Desde entonces han sido muchas generaciones de quilichagueños y estudiantes de comunidades del norte del Cauca, que pasaron por las sedes del entrañable claustro del Instituto Técnico, antes de ser construida la primera etapa de la actual, donde funcionaban cinco aulas, las oficinas administrativas, en la segunda planta, la biblioteca, que también servía de salón de actos, en el sótano, el incipiente laboratorio de química y física y en el patio del frente, el sitio de formación de los alumnos para las izadas a la bandera.

Entonces sólo estaba aprobado hasta cuarto de bachillerato y quienes aspiraban a terminar la secundaria y sus familias tenían recursos económicos, debían trasladarse al Santa Librada de Cali, al Liceo de Popayán o a colegios privados. Ya en 1960 se graduó la primera promoción de bachilleres.

La construcción de la segunda etapa, con ocho nuevas aulas y los laboratorios de física y química, se inició a finales de los años sesenta -y como se estilaba entonces con los contratos de obras públicas, sin mayores auditorias y prologados en el tiempo, después de muchas gestiones ante el Gobierno nacional para que aportara presupuesto faltante-, fue terminada finalizando los setenta, cuando en la rectoría del profesor Jorge I. Rivas Molano, ya estaban funcionando la jornada nocturna y posteriormente la de la tarde, triplicando el número de alumnos y docentes.

Años más tarde, durante la rectoría del profesor Ernesto Villegas Cabezas, fue iniciada la tercera etapa, que comprendió la construcción de un nuevo bloque de aulas en el patio norte del colegio y del auditorio, donde quedaban las canchas de baloncesto, y al cual le faltan la instalación de silletería y acabados. Con la reorganización administrativa y académica que sufrió la educación, fusionando escuelas primarias a colegios de secundaria, al Instecnico le correspondieron la Rafael Tello, Francisco de Paula Santander y la Edmundo Sandoval, que en total suman aproximadamente 3.000 estudiantes. Cerca de 2.000 en las tres jornadas de bachillerato.

Para la celebración de los 100 años, en octubre de 2013, con la rectoría de la licenciada Luz Edilma Banguero, este año, el representante a la Cámara y bachiller del Instécnico, Carlos Julio Bonilla Soto, logró que el Congreso de la República aprobara una ley de honores, que incluye la apropiación de presupuesto para construir cinco nuevos salones de clase, la instalación de tableros electrónicos para las 25 aulas existentes, la adecuación y dotación de los laboratorios de química y física y la sala de sistemas, y la terminación de obras de acabado, instalación de concha acústica y amoblamiento del auditorio, con capacidad para 1.000 personas.

DSCN0962

Con estas obras el Instituto Técnico continúa en su proceso de desarrollo progresivo, iniciado hace un siglo, en momentos en que Santander de Quilichao, se consolida como “Ciudad Educativa Regional”, con nuevo auge de la cultura y con la reciente inauguración de las modernas instalaciones de Unicomfacauca, las obras del ‘megacolegio’ Fernández Guerra, la nueva sede de la Universidad del Valle y la próxima construcción de la del Sena; la gobernación del Cauca donó un lote de 19 hectáreas, para la próxima construcción del campus universitario conjunto para que la Universidad del Cauca, la Univalle, el Sena, la Unad, la Universidad del Pacífico y otras públicas y privadas, puedan abrir nuevas carreras tecnológicas y profesionales.

Sigue a Proclama en Google News
También te puede interesar
Deja Una Respuesta
Abrir el chat
1
Paute aquí
Hola 👋
¿En que podemos ayudarte?